Al silencio hago esclavo penitente
de tu mirada y del deseo ardiente
que con premura me atan y liberan
del amor que los sentidos alteran.
Hipnótico deleite, de azabaches
centellan misteriosos en las noches,
canto sensual de sirena sonriente
llamandome presto hacia el oriente.
Si por ventura he de alcanzarte, ¡Oh amada!
O hasta el fin del mundo deba buscarte,
por ti, habré de vencer toda mesnada.
Más si por despecho vil o empacho cruel
a esforzada empresa dieses tú muerte,
por desdeño y soberbia, ¡adios cuore fiel!