Ya las orquídeas florecen
y al espíritu enaltecen,
la niebla cubre el valle
verde, como un suspiro.
El templo silecioso y frío,
la katana reposa cerca del río,
el guerrero medita silencioso
en busca del momento precioso.
Humedo el suelo de piedra,
crujen guijarros de hiedra:
un paso, silbido destellante,
se mantiene en su sitio
la cabeza del atacante.
Sangre, rodante y perpetua,
honorable muerte perpetua...
Limpio el acero plateado
en la saiga es colocado.
1 comentario:
me a gustado tu poema
me ha dejado un buen lema
y me caigo de sueño felicidades me gusto ^_^
Publicar un comentario