domingo, 5 de octubre de 2014

Comentario a un artículo sobre la enseñanza de "Competencias Literarias"

Dejando la modestia aparte, siempre me había considerado como una persona dotada, incluso superior al promedio. O al menos eso creía hasta hace unos días tras leer un artículo.
     ¡Qué equivocado estaba! ¡Los niños de ahora en primaria hacen análisis literarios, comprenden conceptos como la intertextualidad y la metaficción! Cosas que no hice yo hasta la segunda década de mi vida y en una carrera que se dedica al ocioso estudio de la literatura.
     El artículo en cuestión, decía que mediante la enseñanza de un género bastante complicado que requiere tener un conocimiento literario y cultural avanzado, los niños de primaria señalarían elementos como los contextos sociales y figuras retóricas poco conocidas (como si el nombre no fuera ya ignoto), desarrollando juicios críticos así como un mejor manejo del lenguaje.
    He comenzado a considerar que mi generación era algo falta de luces porque hasta donde recuerdo, incluso dudo ya de la fidelidad de mi memoria, a la edad en que se estudia la primaria nosotros sufríamos por entender como funcionaban las sumas de más de dos números (en los primeros años) y que ocho por nueve daban treinta y cuatro.
     Por lo visto, las generaciones de ahora ya no son así. Mientras nosotros aprendíamos a no picarnos la nariz, los niños de ahora ya hablan del tú por tú con doctores sobre crítica literaria y cosas como la posmodernidad o la teoría cuántica.

   Está bien querer enseñar a los niños cosas nuevas. Se comprende, es necesario y hasta loable querer avanzar e incluir nuevos conocimientos. Pero una cosa es modernizarse en los contenidos y otra es pedirle a un niño que apenas está leyendo, que use su "amplio" bagaje cultural y literario para que sepa reconocer como un texto de tres líneas hace referencia a una novela de Víctor Hugo (por dar un ejemplo) y que se burla de tal o cual elemento de la misma.
   Y no faltará quien abogue por las buenas intenciones de la autora del artículo. Sólo diré que de buenas intenciones está hecho el infierno, sino, pregúntenle a Hitler quien para que no se perdieran los judíos (que bien sabía, son dados a vagar sin rumbo), los reunió y aún para que no pasaran frío les dio hospedaje con calefacción de horno incluida.

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