A veces me he preguntado, porqué tememos a ser juzgados por nuestra ignorancia.
Porqué no cerramos los ojos y nos lanzamos a la aventura aún sin conocer otros idiomas y mucho menos masticar el propio, mientras que la gente de otros países lo hacen.
Porqué preocuparnos del qué dirán cuando podemos andar por la vida simplemente asombrandonos de lo similares que somos con aquellos que nos parecían tan lejanos y diversos, incluso casi celestiales.
Porqué anhelamos como la oveja el pasto del otro lado de la cerca (o bien del charco o de la frontera) cuando el propio es igual de verde. ¿Será por qué el sabor tiende a ser diferente, y al morderlo sentimos un cosquilleo nunca experimentado que no podemos dejar de querer sentir?
Tantas ataduras y lastres que suelen detenernos y que son tan fáciles de dejar atrás, pero que sólo al mirarnos y reconocernos podemos lograr cortar para finalmente abrir las alas y emprender el vuelo de la vida. Vuelo que, algunos, nunca lograrán comenzar.
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