A veces melancólica y triste
hallábase sentada entre flores,
la dulce Violeta, su casa recordando
de la que ha tiempo hubo marchado.
A veces alegre y retozante
hacía coronas y ramilletes,
la dulce Violeta, a quien su madre
bajo el tamarindo se hallaba extrañando.
Y a su sombra estaba pensando
cuan lejos su hija amada ora estaba,
cuan cruel, fugaz y esquivo Cronos
de su lado a la pequeña apartaba.
Quedaron atrás la concha y el nácar,
la perla de la inocente infancia
perdida entre la espuma y la arena
al partir de su costa color ámbar.
Mudado queda el bermejo coral
por argenta alianza, de áurea estela
dos soles en sus lóbulos brillan
y en sus labios el carmesí destella.
Ya la que fue niña es hoy doncella
y queda a la madre el consuelo
del alegre ave que le cuenta de ella
dejándola con secreto anhelo.
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