sábado, 18 de mayo de 2013

La soledad

Hace tiempo una persona muy sabia me dijo: "La gente bebe para olvidar que bebe, fuma para olvidar que fuma, y se droga para olvidar que se droga...".

     Al principio no lo comprendí, pero con el tiempo me di cuenta a que se refería con esas palabras. No es que literalmente se beba para olvidar que se bebe, se fume para olvidar que se fuma..., pero sí para olvidar un mal mayor que aqueja a más de uno: la soledad.
     Cuántos no la padecen día con día, aún estando rodeados de personas se saben solos, cuántos no han intentado evitarla de las maneras más extrañas y efímeras sabiendo que, aquel escape será meramente como una chispa y que en un instante se habrá desvanecido dejándolos aún más vacíos que antes.

     Me encantaría decir que existe una cura para la soledad, mostrarles una pastilla, un remedio o una vacuna para ella, pero no puedo. La soledad puede ser un demonio o un compañero al que muchos se han acostumbrado y con el que conviven día con día.
     La soledad, es casi como una droga pues entre más la pruebas, más quieres alejarte de ella pero al hacerlo más la anhelas.
     Tal vez, en alguna ocasión hayan llegado a oír un poemas sobre los amorosos. Yo me pregunto, ¿por qué no mostrar al mundo el poema a los solitarios? ¿Por qué no hacerles una epopeya, una novela, un tratado, un monumento... una muestra que les diga "sabemos que existen, y valoramos y comprendemos su lucha"?
     
     No, la soledad es personal, y de cada quien depende lo que decida hacer con ella. Es una ventaja que ella tiene, es maleable, se amolda según la conveniencia de quien la posee.
     Habrá quien la vuelva su inseparable compañera, la acepte y sepa manejar a su antojo, dejando de lado el deseo de la compañía. Habrá quienes por el contrario, harán de ella un demonio con el que día a día libren una cruda batalla para poder dominarla, sin garantía alguna de tener la victoria.
     Y habrá otros, que nunca fosilizarán su soledad, dándole una propiedad mutable.

     Sea lo que se haga con la soledad, se debe tener consciencia de su constante presencia, pues al final, será ella la que nos acompañe hasta el último de nuestros días, y nos llame para formar parte del Olvido y la Nada.

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