Ojos que no son ojos,
líneas monocromáticas
que al hombre dominan;
lo que queda, despojo
de aquello que un día fue.
Muerte eterna y efímera,
locura embrutecedora
entre hilos de plata con espinas.
La carne consume, dejando
pinceles de hueso y lienzo de piel.
Huir, es inútil; huir ¿a dónde?
destello fugaz que al espacio destruye
y un túnel presume, oscuro letal.
NO hay miedo, no hay esperanza.
NO hay nada, nada, nada...
Ladrido cavernoso, mordaz
oscuridad que todo rodea
la libertad tan lejos y tan cerca,
No hay dolor, no hay nada
locura embrutecedora
y el anhelo de que termine.
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