Oyose la voz del poeta,
del cante la pena rota
y del corazón más muerto
que por un beso sangra
y la vista toda nubla.
Pobrecita de mi madre
que se ha quedado solita
con el patio desierto
y la rosa ya marchita.
Pobrecita de mi madre
que a los pies de la Alhambra
llora sola sin consuelo
y la cara cubre con el pañuelo.
¡Ay que siento que me muero!
Se han ido todas mis hijas,
todas se han ido de España.
¿Ahora con quien me quedo?
Y no me pidas que elija
que yo a ti te quiero
sólo yo a ti te quiero
y que a mí me entierren
a la orilla del Duero.
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