Como jilguero en su jaula
tienes a mi corazón apresado,
cantando y suspirando;
al ver te pasar, suspira.
Suspira y no por su libertad
sino por el encanto de tu beldad.
Y canta, a la ferbiente espera
de tu mirada, por fugaz que fuera.
Tu sonriza es su alpiste,
tu alegría el calor solar,
la briza en sus alas
que ya no quieren volar.